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Plataformas versus políticos: una cuestión de legitimidad

Se acaba un mayo más de luchas sociales a este lado de las plataformas, un mes más de tomaduras de pelo, argucias, renuncios, engaños y subterfugios variados de sus señorías los de la clase política, para acabar en el mismo sitio en el que estábamos el mes anterior, esto es, cabreados, cansados y con muy pocos resultados que ofrecer a los sufridos ciudadanos que nos demandan ayuda.

Y de repente te dices: ¿cómo es posible?, sí la causa era más que justa, y era evidente, por humanidad, o por sentido común… ¿cómo pudieron engañarnos? ¿Cómo es posible que rechazaran esa moción que pedía facilitar el acceso al agua a las familias menos pudientes? ¿Por qué siguen estando vacías tantas miles de casas en Canarias al tiempo que muchos miles de canarios no tienen casa? ¿Por qué se niegan a cambiar ese reglamento carcelario e inhumano del albergue de Santa Cruz de Tenerife, cuando además nos habían dicho que sí lo harían? La respuesta es sencilla: ellos, los de la clase política, están legitimados para hacer casi lo que les de la gana, mientras que nosotros, los ciudadanos combativos de las plataformas, no tenemos legitimidad casi ninguna.

Para empezar, ellos están legitimados por los votos. Los han votado, da igual cuántos fueran, da igual que fueran más los que no votaron o votaron en blanco o nulo, la realidad es que ellos se postularon como candidatos a algo, y ganaron a otros, y están ahí, de concejales, de consejeros o de lo que sea. Ellos, pueden verse implicados en mil casos de corrupción, pueden venderlo todo a dedo a las empresas de sus amigos y darse la vida padre a costa del contribuyente, pueden olvidar al pobre, al parado, al anciano, al sin techo, a la madre precaria, pueden inventarse una Ley Mordaza y mandarte a la Policía cuando les de la gana, pueden recortar en Sanidad y que se mueran la mitad de los enfermos esperando una operación, hacinados, en los pasillos de los hospitales, pueden cargarse la Educación Pública y que a la universidad no vayan ya nada más que los hijos de los ricos, y si me apuran pueden hasta mearle a la gente desde el balcón del Ayuntamiento, y no pasará nada de nada con nada de lo que hagan. La gente seguirá con sus tristes vidas de red social, de selfies con morritos, de partidos de futbol y programas de telebasura en cantidades industriales.

La anomia social en la que vivimos -no sólo en Canarias- los legitima a ellos para seguir haciendo lo que hacen. Es así de sencillo, están cómodos, están a salvo, saben que nada les va a pasar hagan lo que hagan, porque además controlan las reglas del juego, el juego electoral que otorga la llave para estar ahí donde ellos están, controlan el dinero -o al revés, el dinero los controla a ellos-, y con el dinero controlan también a muchos medios de comunicación, convertidos en su mayoría en medios de propaganda institucional. Y puestos a controlar controlan hasta a los políticos que supuestamente son de la oposición y deberían ser más combativos. Esto, no sé muy bien cómo lo hacen pero también lo hacen, y a las pruebas me remito: mansitos, mansitos.
Frente a todo esto, ¿qué tenemos nosotros? Nada, nada más que la fuerza que da el saberse del lado de la justicia social. Tenemos el coraje, el valor, la decisión, e incluso la rabia de ver cómo sufre tanta gente de manera tan absurda e injusta, pero, eso no es nada si no es compartido por muchos. Y aquí radica el problema de la legitimidad de los colectivos sociales: somos muy pocos. No hay legitimidad para una plataforma ciudadana que sólo la componen unos pocos ciudadanos, por muy justas y honestas que sean sus causas. ¿Quién nos votó? Nadie. ¿Quién nos apoya? Casi nadie, pues siempre andamos cuatro gatos en todos lados. Luego, poca legitimidad, y mínima fuerza. Cierto que a veces se ganan algunas batallas gracias sobre todo a los medios de comunicación. Ellos temen a los medios cuando les van a la contra, ellos cuentan siempre en votos todo lo que pasa. Pero apenas callan los medios, sin gente en la calle, para ellos es muy fácil darle la vuelta a una reivindicación justa con un argumento técnico, económico o legal, más allá de la cuestión moral, para tirártela por tierra y seguir con sus políticas cómodas de clase privilegiada. Es así de triste pero es así.

Y ya casi sobra que les diga cómo pueden las plataformas sociales ganarles la partida a los políticos de clase. Hubo un tiempo en que pensé que se podía ganar por la vía judicial. Pero también eso lo probamos y no resultó. La Justicia es lenta, la venda en los ojos no le tapa ya casi nada a esta señora, la mayoría de los abogados están al otro lado, y ahora además se ha vuelto un poco cara para ser asumida por los ciudadanos. Así las cosas, sólo nos queda buscar gente para que se suban a las plataformas con nosotros. El día que una reivindicación justa de una plataforma ciudadana venga acompañada por una marabunta de ciudadanos dispuestos a gritar a las puertas de las casas nobles, ese día, la legitimidad estará de nuestro lado. Eso, pasó una vez, un día 15 de mayo de no hace muchos años. Entonces llegaron a asustarse, pero eso ya pasó y no estamos cerca de volver a repetirlo. Si esta vía no resulta, queridos lectores, ya sólo nos queda una última opción: jugar al juego al que juegan ellos, y competir, y ganar la legitimidad por la vía de las urnas. Es complicado porque es su terreno, sería siempre como jugar un partido fuera de casa pero, es lo último que nos queda. Después de eso, apriétate bien las cadenas y disfruta de tu esclavitud.

Eloy Cuadra