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Recordando el No de Canarias a la OTAN treinta años después

Francisco Morote Costa. Comisión Ciudadana por la Paz, en los años 80

{mosimage}El próximo 12 de marzo de 2016 conmemoraremos el treinta aniversario del referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN que concluyó con la victoria del Sí, con ciertas condiciones, a la permanencia. Sin embargo, en Canarias, al igual que en Cataluña, Euskadi y Navarra, la respuesta mayoritaria fue el No.

Al recordar esa efemérides conviene subrayar que la voluntad de la sociedad canaria a propósito de su no involucramiento en conflictos y aventuras militares permanece inquebrantable. Prueba de ello fue la respuesta que tras el no del 12 de marzo de 1986 a la OTAN, vino a dar el 15 de febrero de 2003, cuando mediante masivas manifestaciones populares rechazó la participación de España en la Guerra de Iraq promovida por Estados Unidos y secundada por el gobierno del PP de Aznar.

Para quien no entienda la voluntad de paz de la mayoría del pueblo canario, su deseo, expresado muchas veces, de obtener para las islas un estatuto de neutralidad, al margen de las alianzas militares, conviene explicar que ese deseo está inscrito en el ADN, en la memoria cultural de Canarias.

El canario es un pueblo atlántico para el que la paz y la navegación libre y segura por las aguas que rodean su archipiélago es vital. Sin remontarnos a siglos lejanos, retrocediendo simplemente hasta el pasado siglo XX, la experiencia de la guerra naval en el Atlántico durante las dos contiendas mundiales ( 1914 - 1918 y 1939 -1945 ), constituyó una experiencia negativa para unas islas cuya existencia depende en gran medida de una relación comercial normalizada con el exterior. Para unas islas pequeñas  y diseminadas como las Canarias las guerras navales modernas equivalen casi a los efectos de un bloqueo comercial catastrófico.

Por otra parte, dada su voluntad de relacionarse con todas las naciones para aprovechar sus posibilidades comerciales y turísticas, estas últimas fundamentales desde la segunda mitad del siglo XX, sus habitantes son conscientes de que no pueden/deben tomar partido en los conflictos en los que se enfrentan las grandes potencias o en los que las grandes potencias emprenden en sus campañas por dominar amplias regiones del mundo y sus recursos. Campañas que pueden provocar acciones de represalia que en el caso de Canarias podrían ser extremadamente dañinas para su economía.

En una palabra, conscientes de su fragilidad económica los canarios cuidan sus fuentes de vida y las protegen mediante el escudo de la paz y la hospitalidad ofrecida por igual a todos.

Sobre ese trasfondo de razones para la paz, fueron igualmente importantes en la victoria del NO a la OTAN en Canarias, los esfuerzos organizados por plataformas ciudadanas pacifistas y grupos anti-belicistas durante toda la década de los 80 del siglo pasado, quienes siguen reivindicando para Canarias el estatuto de neutralidad que exprese la voluntad de los canarios de hacer del archipiélago un espacio para la paz y la convivencia de los pueblos.