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El machismo según Dª Nieves

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EL BAR DE PEPE

Joaquín Hernández

{mosimage}No conozco a Dª Nieves, sólo sé que se apellida Rodriguez Rivera y por primera vez, y creo será la última, leo un artículo suyo publicado en el digital de la Revista San Borondón. Ya el enunciado de su opinión “el nuevo machismo” me ha producido sorpresa, en cuanto el machismo ni es nuevo ni es antiguo, es una forma de entender el sexo femenino como seres inferiores al hombre.

Las culturas antiguas, desde la cultura griega y romana, anteponían al hombre como ser superior a la mujer, incluso la Iglesia Católica, Apostólica y Romana hasta el Concilio de Trento allá por el siglo XVI no acepto que la mujer tuviera alma, es decir que hasta ese entonces la trataban como un animal, bella sin alma. En España, que no debemos olvidar que la dominación árabe duró 6 siglos, el sentimiento machista ha estado durante décadas marcado por la dictadura del hombre, la Falange Española significaba el valor del honor, de la fuerza y la vitalidad de la España Imperial y de valores de familia cristiana, “la familia que reza unida permanecerá unida”, sin embargo la Sección  femenina mostraba la ñoñería, mojigatería y simpleza de unas mujeres sin más pretensiones que coser, bordar, bailar la sardana, isa o muñeira, para casarse con un HOMBRE y coser, bordar, fregar, barrer, procrear con su infiel marido, amamantar, criar y siempre con el dicho “la mujer y la sartén en la cocina están bien” o “la mujer en la cama y en la cocina”.

Pero claro, todo esto ocurría en la España negra y por qué no también hace unos 30 años atrás.

Miré, verá usted señora suya, cuando usted dice “Que esta es una sociedad machista, nadie lo duda. Aunque nadie, en su sano juicio se declararía como tal si se lo preguntaran. A pesar de eso, nuestra sociedad continúa siendo poderosamente machista” generaliza de tal forma que parece que tiene una visión muy empobrecida de la sociedad actual y sobre todo de la juventud masculina que nos rodea. Pues mire usted, para hacer esa clase de afirmaciones debería informarse un poco de cómo está el cotarro del “machismo” y donde están las consecuencias residuales de ese comportamiento anacrónico, que no es otro que la educación y cultura que hemos recibido muchos hombres  y que hemos trasladado la mayoría de nuestros hijos varones. Ya sé que me dirá ¿y donde ponemos las víctimas de la violencia de género? Pues en su justo lugar, precisamente en el lugar que ocupan los culpables de esa violencia machista que producen centenares de mujeres asesinadas. ¿Sabe usted que el 80% de asesinatos de mujeres que se producen en España a manos de hombres, estos son sudamericanos, rumanos, o marroquíes? ¿Sabe usted que las religiones son culpables del 50% de las muertes de mujeres producidas por leyes, como puede ser, por ejemplo,  la ablación femenina que causa además de causar la muerte, en el mejor de los casos castran para el resto de su vida la posibilidad del placer sexual y mantener relaciones sexuales llenas de dolor?

Su visión simplista del machismo es tan burda como su afirmación de que todos los hombres y los medios de comunicación somos machistas. Usted basa su artículo en “Un ejemplo común es el tratamiento que hace la prensa habitualmente y sin reparos en los temas relativos a la mujer y su rol en la sociedad. Recientemente, ha salido en los medios una noticia relativa a dos políticos en el candelero, acusados de maltrato de género y abusos de menores, respectivamente”. Pues otra vez se equivoca, no ha salido motu proprio de los medios, ha salido el afectado convocando una rueda de prensa para explicar el por qué de ser llamado a declarar ante una presunta denuncia por malos tratos efectuada por el ministerio fiscal a través de una denuncia interpuesta por unos vecinos que dice oyeron llorar, gemir y gritos en la vivienda de López Aguilar que ha sido desmentida por la presunta perjudicada, su mujer.

El tema es la importancia que tiene el sujeto denunciado, López Aguilar ha sido, entre otras muchas cosas, Ministro de Justicia e impulsor de la Ley de Violencia de Género, comprenderá señora que la cosa más noticiable no podía ser, el filón mediático había que aprovecharlo.

Tengo hijas, sobrinas, cuñadas, ex de todo, amigas, a todas las he considerado como personas, sin distinguir género ni condición social, ante los calzoncillos o las bragas siempre antepongo al ser humano como tal. Pero si quiere más datos le diré que más del 70% de jóvenes universitarios que terminan su carrera son mujeres, el 65% de jueces son mujeres, el 60% de de abogados en ejercicio son mujeres, igual ocurre con la mayoría de las carreras y profesiones, incluso en las fuerzas de seguridad del Estado o en el ejercito, cada día existen más mujeres que eligen esa profesión. La mujer no es la resignada de los años de la Sección Femenina atada a la pata de la cama y en la cocina o bailando folclore. La mujer del siglo XXI tiene, además de alma, voz y voto, inteligencia suficiente para triunfar, otra cosa será preguntarnos ¿por qué económicamente no está equiparada con el hombre a efectos laborales?, eso habrá que preguntarlo a los legisladores que son los que deben arreglar ese agravio comparativo. Solamente le diré que en todas las empresas que he tenido capacidad de decidir siempre he preferido contratar a mujeres ya que siempre me han demostrado mayor capacidad de trabajo, inteligencia e imaginación. En el fondo, señora suya, el mundo está cada vez más dominado por el sexo femenino y a Dios gracias si esto  no se remedia los varones domados siempre seremos nosotros, ya lo decía Esther Vilar en su famoso libro “El varón domado”: “Se considera probado que los varones y las mujeres nacen con las mismas predisposiciones intelectuales, esto es, que no hay ninguna diferencia primaria entre las inteligencias de los dos sexos. Pero no menos probado está que las predisposiciones que no se ejercitan y desarrollan se atrofian: las mujeres que no ejercitan sus disposiciones intelectuales, arruinan caprichosamente su aparato pensante y, tras unos pocos años de irregular training del cerebro, llegan finalmente a un estadio de estupidez secundaria irreversible”.