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Detritus

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La prensa del corazón ya ha llegado a las sucias manos de políticos sin escrúpulos y la Televisión-Basura opera con total normalidad en el sector del publireportaje político: entrevistas pagadas -y cobradas- con aspecto de noticia y artículos de opinión previo pago de su importe. Hasta hace poco el sector  estaba devaluado y parecía en manos de unos pocos y conocidos periodistas mamporreros y extorsionadores, profesionales que mediante “superconfidenciales” y como si de ratas se tratasen soplan y muerden con naturalidad, extorsionan hasta inventarse resultados imaginarios de encuestas también imaginarias, para luego cobrar de los extorsionados por ejercer de mamporrero, su auténtica vocación.

Pero el escenario cambió desde que el chiquito ese del PSOE, sí, ese guapito de cara que lleva una mochila para contrarrestar el icono que supone la coleta de Pablo Iglesias, inauguró la moda de llamar a los infames reality-shows para abrir un nuevo canal de manipulación política hacia el sector más descerebrado de esta sociedad.

La última vuelta a la tuerca de la infamia la acaba de dar el propio Ministerio de Sanidad para desviar su responsabilidad en la nefasta gestión de la epidemia del Ébola hacia una empleada pública. Teresa Romero se debate entre la vida y la muerte mientras periodistas mamporreros sin escrúpulos violan su intimidad y la de su familia, utilizando sus fotos personales, y la presentan como la culpable de auto contagiarse para propagar el virus del Ébola. Las campañas desinformativas son burdamente orquestadas por el Partido Popular en los habituales medios afines con sus periodistas mamporreros de cabecera. Son el equivalente al “equipo médico habitual” que daba los partes de la evolución de la salud del extinto dictador, sólo que en los canales de telebasura.

Ya no hay vuelta atrás. Los asesores han adaptado la teoría de la propaganda de Goebbels  a los reality-shows y la telebasura. Se han dado cuenta que el voto de un descerebrado que consume habitualmente esa porquería vale lo mismo que el de un militante convencido que apoya al hippie de la coleta. Ahora los periodistas mamporreros practican sin piedad el intrusismo en la noble profesión de payaso. Ahora ya vale todo. Ahora vienen a por todas.