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¿Presunto delincuente o presunto inocente?

  • Published in Justicia

EL BAR DE PEPE

La Constitución española, en su artículo 24 apartado 2, dice así:

“Asimismo, todos tienen derecho al Juez ordinario predeterminado por la ley, a la defensa y a la asistencia de letrado, a ser informados de la acusación formulada contra ellos, a un proceso público sin dilaciones indebidas y con todas las garantías, a utilizar los medios de prueba pertinentes para su defensa, a no declarar contra sí mismos, a no confesarse culpables y a la presunción de inocencia.”

En estos días se ha puesto de manifiesto, por parte de algunos medios de comunicación, en el caso Villar y compañía,  la tan cacareada “Presunción de inocencia”, porque si de lo que se trata es de garantizarles a los delincuentes un juicio justo y un sentencia acorde con lo juzgado, me parece estupendo que el reo, aun sabiéndose culpable, utilice esa presunción para su defensa a ultranza, pero que los demás tengamos que hacer el paripé con milongas sentimentales por los “pobres”  chorizos de guante blanco “presuntamente inocentes”, me parece de un  cinismo de mil pares de narices. Pongamos un ejemplo de lo más real:
La policía detiene “in situ” a tres personas que han forzado la puerta de una vivienda, están abriendo la caja fuerte, y en una bolsa se le encuentran joyas propiedad de los habitantes de la vivienda. Esto podría llamarse; robo con alevosía, premeditación y nocturnidad, o sea blanco y en botella…

Dicho esto, de esta forma, a los tres rateros nadie le va a conceder la “presunción de inocencia”, para la prensa, radio y tv., son culpables y punto.

Pero sin estos tres chorizos se llaman Angel Maria Villar, Juan Padrón Morales, Ramón Hernández Baussou y el hijo del ex presidente de la Federación Española de Fútbol, Gorka Villar par los medios de comunicación social siempre serán inocentes, mientras no se demuestre lo contrario.

El caso de Angel Maria Villar era tan notorio que hace 10 años se venía denunciando públicamente, el despotismo utilizado por un presunto mangante para chantajear a propios y ajenos llegaba al límite del esperpento cuando “amenazaba” al gobierno de España con la eliminación de la selección española de fútbol de las competiciones internacionales, Campeonato de Europa, Mundial, etc.

El sátrapa utilizaba a su hijo para el cobro de comisiones por amistosos de la selección española contra Corea, Chile, etc. Sus chanchullos más famosos han sido los dos últimos: el presunto trato de favor a Recreativo de Huelva y Marino (de Tenerife, como su implacable escudero Juan Padrón) y el presunto fraude con los 1,2 millones de euros de las arcas públicas para el amistoso en Haití.

Por lo que me dicen la lista de imputados, investigados o como se les quiera llamar, aumentará en unos días. Lo malo de ser estomago agradecido es comer sin saber ni preguntar la procedencia de los alimentos que reciben gratuitamente, o a cambios de algunos favores.

Las escuchas telefónicas de llamadas de Angel María Villar son de lo más asquerosamente mafiosas. Villar actuaba como el padrino de una gran organización mafiosa donde protegía a su familia y con un conseller de lujo.

Juan Padrón Morales, medalla de oro de Canarias, hijo predilecto de Tenerife, con calles y avenidas a su nombre en varias localidades de las islas, ex jugador de futbol, y ex secretario de notario, está en la cárcel sin fianza y a la espera de juicio por estafa, apropiación indebida, prevaricación, lucro en operaciones societarias, reventa de entradas, corrupción, etc. etc. etc.

En todo este affaire hay algo que se nos escapa, algo que queda en nebulosa y todos nos preguntamos: si el tema de Villar y la Federación Española de Fútbol era la crónica de una mafia anunciada ¿Por qué se ha tardado tanto en actuar judicialmente? ¿por qué se ha dejado que el olor putrefacto de un seguro capo mafioso llegara estos extremos?

La justicia tiene en sus manos la posibilidad de actuar con rapidez, no alargar el procedimiento sine die y que los culpables no solo paguen con penas de prisión, además que restituyan el mal económico con el patrimonio de los culpables, sean tres o trescientos.