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La obra educativa de la II República

  • Published in Energía

Fue en España donde mi generación aprendió que uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma, y que a veces el coraje no obtiene recompensa (Albert Camus)

Cuando celebramos el 92 aniversario de la proclamación de la II República el 14 de abril de 1931, resulta casi imposible orientarse en el océano bibliográfico que se ha convertido en un enigma histórico sujeto a las interpretaciones más diversas contrapuestas, la que nos presenta una versión ideal y las que nos ofrece una visión infernal de los cinco años de España y tres de la guerra civil, ambas parciales y contrarias a la verdad. Solo unos pocos historiadores camelistas y políticos reaccionarios siguen empecinados en sostener la falsedad histórica, como lo han demostrado los más prestigiosos historiadores nacionales e internacionales, de que en la República, que era burguesa como dijo Azaña, en su famoso discurso den el Ayuntamiento de Barcelona  el julio de 1938, se estaba gestando una revolución bolchevique, cuando en las elecciones de febrero de 1936 el Partido Comunista sólo había obtenido 17 diputados  en la coalición del Frente Popular. Estamos asistiendo en las redes sociales a una involución reaccionaria contra República, que sólo destaca sus errores, señalados recientemente en un libro por Angel Viñas, y que describiré en un próximo artículo, que no hay que ocultar, pero no destaca el ingente legado en educación y cultura, inspirado en la Institución Libre de Enseñanza, que como ha sentenciado el filósofo Aranguren. “En el plano de la Educación no se ha hecho nada en la España contemporánea, comparable, ni de lejos, con lo que hizo la Institución. En 1931 España era un país con un número insuficiente de escuelas y el número de maestros era muy bajo y su formación, muy pobre. Sobre una población de unos 23,5 millones de habitantes, el panorama no podía ser más desolador. Existía un 32% de analfabetismo (más en mujeres que en hombres), y de los que sabían leer y escribir, cifran en 1 millón los niños que no estaban escolarizados y un analfabetismo del 40%. En cuanto a las escuelas, las 32.000 que existían eran insuficientes para atender al conjunto de la población, además, y en muchos casos, los colegios solo constaban de una pequeña aula masificada (hasta 50 alumnos) a cargo de un maestro o maestra. En las zonas rurales más apartadas, había pueblos sin escuelas. En cuanto a la situación de los docentes, éstos tenían un salario muy bajo, una formación limitada y poca estabilidad laboral.


Tras la proclamación de la República en abril de 1931, se quiso hacer de la Educación uno de los proyectos estrella de la democracia republicana. Para ello, se reformó la educación en todos sus niveles. Se apoyó la promoción de metodologías de enseñanza activas, la creación de escuelas públicas, la reforma de los planes de estudio existentes o la implantación de la coeducación (niños y niñas juntos en la misma aula). Las influencias para aplicar estos planes fueron: El regeneracionismo de Costa, la Institución Libre de Enseñanza (ILE, fundada en 1876 por Julián Sanz del Río), los grupos de pedagogos que habían viajado sobre todo por Francia, Reino Unido y la Alemania de Weimar, que aprendieron las teorías educativas y de los teóricos de la enseñanza de ese momento. Así, entre abril y diciembre de 1931, el MIP (Ministerio de Instrucción Pública) proyectó la creación de 27.000 escuelas y la construcción de éstas comenzó casi inmediatamente, y, en poco más de dos años se terminaron unas diez mil, que se pusieron en funcionamiento en relativamente poco tiempo.  Otro frente de actuación fueron los docentes, que eran insuficientes y tenían un sueldo muy bajo. Para paliar esta situación, se amplió la plantilla en 7.000 plazas de maestros y se les subió el sueldo un 15%, subida que afectó a más de tres cuartas partes del profesorado (llegaron a ganar de media unas 3.000 pesetas de la época). Se insistió también en su formación, por lo que se realizaron además de oposiciones, proyectos y cursos para que estuvieran mejor preparados. La carrera de Magisterio pasó a tener carácter universitario (3 años de estudios), y, se trabajaron nuevas metodologías que ponían su objetivo en el alumnado. En esta primera etapa, también se crearon las Universidades Populares y las Misiones Pedagógicas, en las que estudiantes y voluntarios llevaban en furgonetas películas, música, arte y libros a los pueblos más apartados. Pese a las dificultades por la Crisis Económica internacional de 1929, aumentó el presupuesto educativo. Así, en 1932 creció un 28% respecto al año anterior, y de nuevo aumentó un 18% con respecto al año previo, lo que se tradujo en que se terminaron nuevos colegios, (por lo que más alumnado se incorporó al sistema educativo). También se amplió el número de inspectores pasando de 212 en 1932 a 312 en 1933 se fomentó el estudio de los idiomas modernos (inglés y francés especialmente). Para garantizar la educación, la enseñanza obligatoria se hizo extensiva hasta los 12 años (Rodolfo Llopis destacó por su trabajo como Director General de Enseñanza Primaria), y se consolidó la educación de la Formación Profesional (había sido reglamentada entre 1924 y 1928).

En 1931, con la llegada de la Segunda República, será cuando empiecen a fraguarse y a cuajar todas las reivindicaciones y a aumentar el número de agrupaciones femeninas, así como a incluir secciones femeninas en la mayoría de partidos políticos. Con el cambio de régimen entraremos en un período en el que las transformaciones políticas y legislativas hagan variar de forma reveladora la situación, la participación y los derechos de la mujer: igualdad ante la ley, ley del divorcio, reconocimiento de la paternidad, legislación sobre la prostitución, leyes que ayudan llevar a cabo la planificación familiar, derecho a la educación y sufragio femenino, así como una progresiva incorporación de la mujer al terreno laboral en igualdad de condiciones con el hombre, lo que les permitió participar en política, destacando la  abogada, escritora, política y defensora de los derechos de la mujer española Clara Campoamor. Durante la Segunda República Española, se creó la Unión Republicana Femenina5y fue una de las principales impulsoras del sufragio femenino en España, que se incluyó en la Constitución republicana de 1931 y fue ejercido por primera vez en las elecciones de 1933.

La enseñanza Media y Universitaria alcanzó unas metas que aún no han sido superadas. La figura de don Juan Negrín como estadística ha ensombrecido su extraordinaria obra científica en el Laboratorio de Fisiología de la Junta de Ampliación de Estudios, estudiada ampliamente por el profesor Alfredo Mederos, en el que formó especialistas no sólo en Fisiología sino en todas las disciplinas de la ciencia médica, como, entre otros muchos, el Premio Nobel Severo Ochoa y Grande Covián, que integraron la escuela científica de Negrín, seguramente la más importante de las que se crearon en España en el siglo XX. Juan Negrín como científico, ha dicho Juan Marichal, fue el hombre de ciencia que más contribuyó a la europeización y a la modernización científica de España. A iniciativa de Negrín se creó también el Centro de Control de Medicamentos, cuyo primer director fue su colaborador más próximo Hernández Guerra, natural de Tejeda, catedrático de Fisiología de Salamanca. La Junta para la Ampliación de Estudios, en cuyo Laboratorio de Fisiología se realizó la labor fundamental de Juan Negrín, fue una de las creaciones más avanzadas de la Institución Libre de Enseñanza, la gran obra pedagógica, educativa y cultural de Francisco Giner de los Ríos, el alma más noble del siglo IXI, al decir de Madariaga, que fue un intento de sembrar en España la tolerancia y el rigor científico que se logró con éxito al cristalizar en la Junta. En 1934 pidió la excedencia de su cátedra de Fisiología, pero no abandonó sus tareas de secretario ejecutivo de la Junta Constructora de la Ciudad Universitaria, a cuya creación se entregó con entusiasmo, sin percibir retribución alguna. Hace un año, en un homenaje que se tributó a Negrín en la Facultad de Medicina de Madrid, en la que se ha creado un Aula con su nombre, se visitó el Quirófano que trajo de Alemania, y el Decano de dicha Facultad nos dijo que el proyecto de Negrín de construcción de la Complutense no se había todavía concluido del todo. Fernando de los Ríos, ministro de Instrucción Pública, había fundado la Universidad Internacional de Santander, que todavía hoy sigue expandiendo la cultura y la ciencia española por todo el mundo.

La Facultad de Filosofía y Letras de Madrid, de la que fue alumna María Rosa Alonso y su amigo Julián Marías, alcanzó un prestigio intelectual hasta ahora desconocida en la historia contemporánea de España, en la que brillaron, entre otros, filósofos de la talla de Julián Besteiro, Ortega y Gasset, Xavier Zubiri, García Morente, Gaos, y Maria Sambrano; historiadores como Américo Castro, Claudio Sánchez Albornoz y Ramón Carande; Polígrafos como Menéndez Pidal y Agustín Millares; Físicos y Químicos como Blás Cabrera y Enrique Moles; Juristas como Jiménez de Azúa, Cuello Calón, Federico de Castro, Antón Oneca, Felipe González Vicén, Sanchez Román, Garcia Pelayo, Fernando de los Ríos, y una pléyade de eminentes profesores e intelectuales  imposible reseñar en este artículo, que expandieron su magisterio por todo el mundo, especialmente en Hispanoamérica, de tal manera que se llegó a afirmar que la capital cultural del mundo había pasado de Paris a Madrid.      

La instauración de la dictadura de Franco conllevó la partida hacia el exilio de una parte sustancial de la intelectualidad y los científicos españoles, lo que constituyó un golpe irreparable para las expectativas abiertas por la Junta de Ampliación de Estudios de instaurar un sistema científico capaz de integrar a España al panorama de la Ciencia.       Recomiendo la lectura del historiador Otero Carvajal que en su libro “La destrucción de la Ciencia en España” relaciona con su nombre y apellidos todos los numerosos catedráticos de Instituto y Universidad, de todas las especialidades humanísticas y científicas, que tuvieron que ir al exilio, tras la guerra civil, sobre todo a Méjico, lo que significó para muchos “el segundo descubrimiento de América”. El escritor mejicano Carlos Fuentes dijo: ”La afluencia de talento fue tal que nos dio la modernidad a la sociedad mejicana. La España peregrina creo una nueva cultura y abolió el antihispanismo presente desde la conquista”.

Lo que fue y lo que no pude ser la República, truncada por la Guerra Civil, lo ha descrito don Fernando de los Ríos en la conferencia pronunciada en el Círculo Socialista Pablo Iglesias en Méjico el 17 de enero de 1945:”La República mostró que tenía capacidad creadora bastante para despertar un movimiento de alegría y de esperanza en el alma española, como tal vez no haya existido antes. Todas las escuelas eran pocas para satisfacer el hambre de saber, toda institución que se creaba era suficiente para llenar el cuenco vacío de las apetencias nobles de nuestro pueblo. Cada vez que llegaba el grupo juvenil que integraba “La Barraca” (el teatro ambulante) y las misiones pedagógicas a los campos ¡se producían fenómenos tan bellos, tan íntimos, tan alentadores”. El domingo se vestían los campos se alegría, ilusiones, esperanzas, produciendo las satisfacciones que el campesino ambicionaba. Estuvimos a punto de que, por primera vez, se produjera un matrimonio de amor entre el pueblo y el Estado. ¡Si nos hubieran dejado diez años más!.

ELIGIO HERNÁNDEZ
Vicepresidente de la Fundación Juan Negrín