Log in
Sin imágenes

499 nuevos doctores en un curso

  • Published in Educación

La lectura me dejó encantado y, acaso, bastante confuso: el portal de la ULPGC informa sobre investiduras a nuevos doctores. A la vez, define el curso 2015 / 2016 como exquisitamente pródigo: 499 aspirantes defendieron y aprobaron su tesis.  De ellos, 50 lo son por la nueva estructuración universitaria europea.

Y como el número resulta “extraordinario” frente a los 88 del curso anterior, la Universidad de Las Palmas (quizás más preciso por su variedad geográfica) inició el primer acto de investidura el pasado 28. Fueron 86 doctores designados en cada área “a partir de aquellos cuyo apellido empiece por la letra H” más los 19 Premios Extraordinarios. Ante tal avalancha, habrá otras dos ceremonias el 18 de febrero, sesiones de mañana y tarde.

Me complació la información, claro: tal elevadísima cifra de nuevos eruditos acaso podría significar que nuestra Universidad funciona correctamente. Más: que casi haya multiplicado por seis el montante –frente al curso anterior-, traduciría un extraordinario avance de la investigación en la ULP, inédito durante sus veintitantos años de edad.

Progreso destacadísimo, incluso, dada la terrible regresión que han significado los últimos ocho años: de la universalización investigadora, científica y acreditada se pasó a miserias presupuestarias y peligrosa resignación. Ambas, a la par, productos de la incertidumbre económica y, sobre todo, perfecta excusa para racanearle a la actividad pública los medios necesarios mientras se desvían a raudales hacia cajas de ahorros, bancos, Iglesia, cuentas privadas, fondos secretos para callar bocas, viajes gratis y sin control alguno, dietas que significan disparatados sobresueldos…

Pero hay más. La miseria de los presupuestos para investigación y desarrollo (el conocido I + D), cerebral e interesadamente reducidos en la cosa pública, afecta también a universitarios cuyos caminos probablemente ya están marcados sin posibilidad de ejercer sus profesiones. Por tanto, en el mercado encontrarán, quizás, trabajo como dependientes, camareros, conductores, limpiadores… (La Inspección de Trabajo en Cantabria impone sus primeras sanciones a distintas empresas por prácticas ilegales: obligan a sus empleados a realizar horas extras sin remuneración alguna, así como jornadas completas aunque tienen contrato a tiempo parcial. Se abusa así de los demás, miseria humana las de quienes se enriquecen con la explotación ajena... y la consienten.)   Consecuencia: varios jóvenes españoles -premios de Investigación Matemática de la Fundación BBVA y la Real Sociedad Matemática Española- emigraron hacia universidades extranjeras (Muy Interesante), incapaces de encontrar en su país la posibilidad de continuar sus iniciales investigaciones.

Algunos de ellos son: 1. Francesc Castellá, 30 años. Explora la teoría de números. Trabaja con matemáticos de las universidades de California y Princenton. Ambiciona descifrar la conjetura de Birch y Swinnerton-Dyer, uno de los siete problemas matemáticos del milenio. 2. Martín López, 30 años.  Profesor en la Universidad de Leeds (Reino Unido). Además, imparte clases de Matemáticas en universidades de Mozambique y El Salvador. Investiga sobre modelos matemáticos aplicables a la biología gracias a la ayuda económica del Consejo de Investigación Médica del Reino Unido. 3. Leonardo Colombo, 30 años. Desarrolla mecánica geométrica, estudio del movimiento de sistemas físicos desde el punto de vista matemático. Trabaja en la Universidad de Michigan: “Mi sueldo lo pagan los ciudadanos, y los resultados tienen que repercutir en ellos”. 4. Jesús Yepes, 29 años. En colaboración con la Universidad de Magdeburgo (Alemania) avanza en la geometría convexa. Aspira a un puesto fijo en la Universidad de Murcia. (Ponga usted, estimado lector, los números siguientes…)

Sin embargo –retomo el caso de los 499 doctores- no me encaja racionalmente tal salto cuantitativo. Alguna razón debe de haber para que solo en un año se produzca tal contraste. ¿Por qué 411 más en este curso frente al anterior, solo en la ULP? La causa, me parece, se llama familiarmente EEES (Espacio Europeo de Educación Superior, en el cual ya se desenvuelven 50 de los 499 nuevos titulados): finaliza el período marcado para quienes aspiraban al grado de doctor sin las más complejas exigencias previstas en el EEES.

Se trata, muy en resumen, de un plan (48 países) cuya finalidad es ajustar la gran variedad de sistemas educativos imperantes en Europa y, así, facilitar traslados ya no solo entre universidades de un país sino, fundamentalmente, entre países del Espacio Europeo. Por tanto, el universitario no tendrá mayores dificultades para continuar estudios más allá de su frontera, soslayará problemas actuales debidos a muy diferentes planes de estudio. Así, la titulación obtenida en cualquier país del Espacio tendrá valor académico –por tanto, oficial- en los países adscritos.

El EEES surgió tras la Declaración de Bolonia (1999) para crear un Marco Común de Enseñanza Superior en Europa. Este Espacio, además, no solo se refiere a estudiantes universitarios: afecta también, de manera muy directa, a profesores cuyas titulaciones –incluidos los doctorados de enero 2017- serán reconocidas por igual. Y en él se reclaman tres niveles, a saber: uno, el de grado (acceso directo al mercado laboral); dos, el máster (o determinado número de créditos); tres, el título de doctor, meta final mucho más compleja, titulación para la cual son imprescindibles los niveles uno y dos.

Obviamente, mi riguroso respeto a los 449 nuevos ilustrados anteriores a la regulación europea. Las tesis llevan los avales de sus directores y pasaron Tribunal. Por tanto, insisto, nada que objetar, ¡torpe osadía la mía si así no fuera! Sin embargo, sigue latiendo en mí esa confusión inicial: me resultan muchos los 449 del plan no europeo frente a los 88 del curso anterior. Y como la propia Universidad, considero “extraordinario” (‘más allá de lo ordinario’) el número.

Nuevos tiempos, parece, llegan a los universitarios. El EEES permitirá cómodas movilidades. Los desplazamientos a otros países serán –por suerte- lo normal, siempre bajo la mirada atenta de Europa. Y ellos, claro, preferirán aquella Europa. Aumentará, pues, la dispersión de nuestros titulados, forzados a huir de su tierra y de su gente. Mientras, en España domina la mediocridad política.