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Tengo un amigo con dos hijos NI-Ni

  • Published in Economía

EL RINCÓN DEL BONZ0

Se llama igual que yo; tenemos la misma estatura y somos de la misma edad. También él se divorció 15 años atrás; y se jubiló hace 10. Sus hijos rebasan la treintena, pero siguen chupando del bote, pues NI estudian Ni trabajan; y así llevan desde aquella  traumática ruptura conyugal.

Ahora resulta que los Ni-Nis van a percibir un subsidio proparasitario, o zanganológico,  de 430 € mensuales hasta que cumplan treinta años. Mi amigo está indignado, y ya ha empezado a recoger firmas para que sus dos “niños” no queden desamparados. En tal sentido propone que la prestación se prolongue hasta los 40 años y que la cuantía se ajuste al salario mínimo interprofesional, o mejor que se redondee hasta los 1000 € mensuales para cada uno.

Cuando le rebato su pretensión por exagerada y que no sería asumible por las arcas del Estado, me razona que es viable porque él, en solitario sin más ingresos que la pensión de jubilación ha tenido que afrontar el pago de 2000 € mensuales durante diez años, por sentencia judicial, como alimentador de sus hijos adultos.

     -No es posible, pues eso es todo lo que cobras como pensionista…

     -A mí tampoco me salían las cuentas; pero cuando solicité una revisión de medidas que me exonerase de una carga matemáticamente imposible, una jueza dictaminó que como había tenido un puesto de trabajo privilegiado, debía tener dinero escondido, por lo que debía seguir pagando esa brutalidad indefinidamente…

     -¿Lo recurriste?...

     -Claro; pero los magistrados de la Audiencia solo leyeron el párrafo del puesto de trabajo privilegiado. No sirvió defenderme ni con todas mis declaraciones de renta…

     -¿Y cómo podías pagar aquella bestialidad?...  

     -No podía, porque no había posibilidad física de asumirla. Así lo alegué para obtener una salida digna. Se me dio en forma de embargo permanente de mi nómina de jubilación por la cuantía porcentual máxima contemplada por la Ley en estos casos.

     -Y tus hijos sin dar ni golpe…

     -Bueno, a mí sí me lo dieron, pues aparte de dejarme de hablar cuando les expuse la penuria  de mis números, casi consiguen meterme en la cárcel porque me denunciaron vía penal por el presunto delito de abandono de familia e impago doloso de alimentos. A dos barbos de 30 años. El juez me trató como a un verdadero delincuente y me condenó al pago de una multa casi millonaria, costas judiciales y a una  privación de libertad totalmente ignominiosa…

     -¿Y tus abogados?... Ese es otro tema y otro colectivo para disfrutarlo de lejos y con los ojos vendados, pues abundan los picapleitos, cuyo único objetivo son los honorarios, y en su caso, los porcentajes de las liquidaciones gananciales. Los derechos del cliente, sus intereses y protección ante la injusticia, les importa un bledo. Tuve que redactarles yo el texto del recurso en el que apelaba a mis derechos constitucionales, a la vulneración cometida contra mi honor y al acoso sistemático organizado en equipo por mi ex cónyuge y ambos vástagos en modo depredador. Me absolvieron pero el abogado se apuntó el éxito y también cobró por ello…

     -Entonces, ya has superado todos tus males…

     -No exactamente, porque salí absuelto y liberado de seguir pagando, pero no con  carácter retroactivo, por lo que la deuda generada que no pude pagar durante 10 años, me ha creado un efecto taxímetro que representa una cruz vitalicia, que me ha dejado sin patrimonio material ni afectivo, pues ni siquiera creo recuperables a los potenciales beneficiarios del nuevo subsidio “humanitario”. A mis hijos no puedo darles el mal ejemplo de perder mi dignidad por suplicarles clemencia…

     -Aunque sean víctimas de la típica alienación monoparental, no tienen excusa para ser tan mezquinos. No es creíble que unos hijos puedan tratar con tanta crueldad a su propio padre, ¿Te has planteado pedir una prueba de paternidad? A lo mejor el resultado te liberaba de todo conflicto de conciencia…

     -Claro que tengo mis dudas, pero aunque saliera negativa, son hijos míos; y aunque sean parásitos sociales y unos vilipendiados entes marginados de la especie humana, mi deber es intentar protegerlos, defender su integridad y si puedo conseguir, recogiendo firmas, que sigan chupando del bote, creo que debo intentarlo.

Un poco pollaboba sí me pareces, amigo mío.

www.elrincondelbonco.blogspot.com