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Nicolás Mingorance, olvidado poeta, periodista y activista republicano

La vida de Nicolás Mingorance es el reflejo de la compleja sociedad e historia de los primeros años del siglo XX.

Su existencia, casi de película, estuvo marcada por dos poetas y dos barcos. Pedro García Cabrera, compañero de activismo, y Pablo Neruda, rescatador de exiliados en las costas francesas, el Viera y Clavijo, el barco donde marchó preso deportado y donde logró la libertad y el sueño del Winnipeg, donde encontró el exilio.
Esta generación vivió con intensidad los albores del siglo XX, donde una sociedad marcada por las guerras coloniales y el primer conflicto mundial tuvo que afrontar el paso de la monarquía decadente de Alfonso XIII a la dictadura de Primo de Rivera, la aparición fulgurante de la II República y el golpe fascista de 1936, todo ello en un proceso de transformación económica y grave crisis en una sociedad dependiente de las exportaciones fruteras como Canarias.
Este tinerfeño, nació en 1903 en Santa Cruz de Tenerife (1) en una familia en la que tuvo la oportunidad de realizar estudios, algo no demasiado usual en una sociedad en la que cerca el 70% de la población de la década de los veinte en nuestra tierra sufría de situaciones de analfabetismo (2).
Mingorance fue un vecino activo desde su adolescencia, con apenas quince años forma parte de la Asociación Primero de Abril-Sociedad de Fomento El Cabo, entidad dedicada al mundo de la cultura y el deporte fundada en 1915 (3). En este espacio, surgido en el populoso y obrero barrio santacrucero del mismo nombre, el joven Nicolás participa en actividades vinculadas al arte, el teatro y la poesía. Entre 1918 y los primeros años de la década de los veinte su voz y su persona forman parte de las representaciones teatrales, líricas o poéticas que la entidad cultural tinerfeña organiza en la capital, en su local de la calle San Carlos Nº20 o en el teatro municipal, compartiendo cartel con otros jóvenes de la asociación, como Teresa Perera, Carmen Chico, Manuel Perera, Victor Perera y José Nieto (4). Ya en esos primeros años de actividad es mencionado como un “aplaudido aficionado” por su papel en la obra teatral “El crimen elegante”, estrenada con motivo de las fiestas de San Pedro (5).
Con dieciocho años recién cumplidos, Nicolás Mingorance se incorpora a la directiva de la Asociación Primero de Abril-Sociedad de Fomento El Cabo, ocupando en 1920 el puesto de Secretario de la entidad, presidida en ese momento por Eulogio Reyes y Reyes (6) y participando en su Patronato Musical en 1921, como vocal (7).
No ha cumplido los veinte años cuando inicia sus colaboraciones en el periódico literario “Letras”, donde publica el texto “Eterno dolor” (8), y en la revista “Canarias”, también dedicada al arte y la literatura, en la que publica los textos “Palabras” y “Tristezas del recuerdo”, compartiendo páginas con escritores como el republicano Luis Rodríguez Figueroa, asesinado en 1936, o el clérigo Sebastián Padrón Acosta (9).

Su pasión literaria se plasma en diversos artículos e iniciativas en los que promueve que Tenerife rinda homenaje, en forma de escultura en la vía pública, a dos figuras claves del arte isleño, Ángel Guimerá y Pérez Galdós, del que dice que es “cima de nuestras letras, albor de las ideas renovadoras, luz sin artificio” (10)
En 1922 participa en la creación de la nueva revista literaria llamada “Novela canaria”, cuyo primer número, vendido al precio de treinta céntimos, estuvo dedicado a la leyenda romántica y contó con el prólogo del propio Nicolás (11).
El activo tinerfeño también muestra su interés por el mundo del deporte, vinculado con el propio origen de la sociedad en la que participa. En 1923 ocupa el cargo de secretario del Castro Futbol Club (12) y es nombrado representante en la capital tinerfeña en la Junta Directiva de Las Palmas, por el Santa Catalina (13). En este mismo ámbito, es nombrado en el local social del Club Deportivo Tenerife representante del Castro FC en la constitución de la Federación de fútbol y en la redacción del reglamento de la misma (14).
En esos mismos años contrae matrimonio con Carmen Camacho Díaz, con la que tiene su primer hijo en el año 1926, llamado también Nicolás, que falleció a los pocos meses de nacer “víctima de breve y penosa enfermedad” (15).
A finales de la década de los veinte, en plena dictadura de Primo de Rivera, las entidades sindicales van tomando fuerza, caso de la Sociedad de Camareros y Cocineros de Santa Cruz de Tenerife, que organizan actos sociales en los que recaudar fondos destinados a los huelguistas de este sector, en los que participan personas del mundo del arte y la cultura. Mingorance se acompaña en este evento de figuras como Atilano Santos, compañero de redacción en otros medios de prensa escrita, y el poeta, pintor y caricaturista Diego Crosa (16).
En su faceta periodística este autor destaca en sus crónicas de viajes y lugares de la geografía isleña, visitando varias Islas, de las que deja extensos artículos como el que dedica en El Progreso a “El museo y biblioteca de La Palma” donde destaca el papel de los fundadores de La Cosmológica, que nació “al calor de hijos de La Palma, quienes colaboraron incansablemente por el sostenimiento y adelanto de la misma” (17)
Un espacio señero de la cultura en toda esa intensa época es el Ateneo de La Laguna, en el que se organizaban veladas literarias de alto nivel donde dar a conocer a nuevas figuras del arte isleño. Su presidente, Pedro Pinto de la Rosa, denomina a estas veladas “el más alto pregón de nuestra vida literaria” y glosó sobre los jóvenes valores, que “tenían en sus manos el futuro intelectual de Canarias”. Aquellos que sufrirán las consecuencias del golpe fascista apenas diez años después son voces reconocidas en estos eventos culturales, caso de Saturnino Tejeda, escritor y destacado componente del Ateneo y el Orfeón o el brillante poeta gomero Pedro García Cabrera, compañero de militancias futuras (18). En la fiesta de la copla que celebra este espacio cultural lagunero Nicolás Mingorance logra un reconocimiento junto a autores populares consagrados, como Veremundo Perera, con el siguiente texto:

Por una copla del pueblo
de tu engaño me enteré:
¡bendita sea la copla
que borró nuestro querer! (19)

El escritor tinerfeño no es ajeno a la efervescencia política que se vive en los años previos a 1931, sus valores republicanos traslucen por primera vez en la prensa del momento en un artículo dedicado al aniversario de la proclamación de la Primera República. En este texto señala “esta fecha significadísima trae a la memoria la marcha hacia la eternidad de algunos paladines republicanos. Paladines que no tuvieron reverso” (20).
Entre 1928 y 1929 nacen dos nuevos hijos en su matrimonio con Carmen Camacho, Eladio Nicolás Mingorance, nacido el mes de febrero de 1928, que sería conocido por ser afamado letrista de la mítica Nifú Nifá y su hija menor, Carmen Mingorance. En esos años es llamado como reemplazo de la mili, que desarrolla en el Archipiélago, tiempo en el que intercala viajes a El Hierro y La Gomera con diversos artículos y con su trabajo de reportero deportivo para el periódico La Tarde (21)(22).
Llega la Segunda República y un momento de creciente agitación política en la que Nicolás participa muy activamente. La intensidad de las movilizaciones políticas, sociales y culturales se manifiesta en la proliferación de asociaciones obreras y sociales, siendo el Sindicato de Inquilinos uno de los más destacados por la fuerza y dureza de sus movilizaciones.
En esos años es un activo integrante de la Asociación de Empleados de Banca y Bolsa, vinculada a la UGT, que no duda en apoyar con vehemencia la causa de los inquilinos tinerfeños, que en 1933 protagonizan una intensa huelga en defensa del acceso a la vivienda (23). Mingorance mantiene una actitud de respaldo claro de esta reivindicación social, a pesar de los momentos de violencia vividos durante las movilizaciones en las calles capitalinas. Esa situación que genera un debate interno en la Asociación de Empleados de Comercio, Industria y Banca, en la que la posición de su portavoz se manifiesta en el artículo publicado por La Prensa en el que, ante las tensiones entre grupos políticos y sindicales, reclama “menos litigios y menos política; más razones y más humanidad. Esa es la entraña de todos los problemas sociales de Tenerife y muy especialmente de este que defiende el Sindicato de Inquilinos” (24). En el periódico La Tarde Nicolás reflexiona sobre la diferencia de posiciones entre organizaciones políticas y sindicales a causa de la huelga de los inquilinos, donde señala que aunque “no sostienen los mismos puntos de vista en la táctica o procedimientos para el logro del su ideal, sienten con igual laceración todos los problemas que lleven un fondo comprensivamente humano” (25).
Los primeros años de la década de los treinta favorecen la politización del autor isleño, que se acerca claramente al socialismo. Este cambio se refleja en sus artículos periodísticos en los que reflexiona sobre la realidad del momento “no puede negarse que vivimos una época distinta en todas sus facetas a las que hemos padecido últimamente. Quizás un poco revolucionaria en el diáfano sentido de cambiar lo malo por lo bueno, de mejorar la personalidad proletaria, pero que lleva un fondo de humanidad y de convivencia social que estimula hondamente nuestro trabajo” (26). En el seno de la Asociación de Empleados de Comercio, Industria y Banca el debate entre los sectores más politizados y lo menos se intensifica, siendo Nicolás uno de los defensores de esta línea de implicación, ofreciendo conferencias a sus compañeros referidas a “lo apolítico y lo político en nuestra organización”, dirigidas a la toma de conciencia y la participación activa en el cambio de sociedad que estaba en juego (27).
En las elecciones de 1933 Nicolás Mingorance se convierte en uno de las voces más escuchadas en los mítines del Partido Socialista en los distintos municipios de Tenerife, compartiendo tribuna con militantes como Pedro García Cabrera, José Rial, Luis Álvarez Cruz o Luis Rodríguez Figueroa (28).
El conflicto tabaquero, que agrupaba a cientos de obreros en la Isla, y la respuesta al Consejo de Guerra contra una treintena de jornaleros, detenidos por los sucesos de Hermigua acompaña al cambio político que vive la república tras la victoria de la CEDA. La Asociación de Empleados de Comercio, Industria y Banca celebra en abril de 1934 un acto de apoyo y recogida de fondos destinados a apoyar a las familias de los obreros detenidos en Hermigua y los militantes de izquierda detenidos y sus familiares en la intentona revolucionaria de la llamada guerra civil de Austria. Mingorance manifiesta en esa jornada que el acto no tenía que ver con la caridad, ya que “caridad es la que se practica con los pobres, y los obreros de Austria y de Hermigua no están en esta situación de pobres, sino imposibilitados por la ley para continuar ejercitando su trabajo” (29)(30).
Los retrocesos políticos y sociales vinculados al gobierno de la derecha, junto a la represión creciente contra quienes reclaman avances revolucionarios, promueven que las organizaciones de la izquierda confluyan en favor de una candidatura electoral única para los comicios de febrero de 1936, generándose numerosos actos promovidos desde las Juventudes Socialistas, las Juventudes Libertarias o las organizaciones sindicales, donde Nicolás participa como presidente de la Asociación de Empleados de Comercio y miembro del PSOE (31)(32). En Güímar es la voz principal del mitin socialista que desbordó en 1935 el Teatro Cine de la localidad, que incluso tuvo que abrir sus puertas por la gente que no pudo entrar en la sala, donde aborda la inactividad de la derecha frente a la intensa campaña de las fuerzas de izquierda unidas en el Frente Popular (33).
Con la victoria de la izquierda, Nicolás Mingorance es nombrado concejal del ayuntamiento de Santa Cruz, junto a Manuel Guadalupe Pérez, Fulgencio Santaella, Francisco González, Fernando Crespo, Oscar Pestana, Cándido Reverón, entre otros (34).
En esta corta etapa Nicolás Mingorance toma un papel activo en las demandas de mejora de la sociedad santacrucera y reivindicaciones vinculadas a la necesidad de vivienda pública o de centros escolares. También lo simbólico juega un papel importante en las acciones de este nuevo gobierno. En la sesión del 14 de Mayo de 1936 se produce el debate sobre las banderas inglesas de los buques de Nelson, ubicadas en la Iglesia de La Concepción, que por un acuerdo de 1933 debían trasladarse para su adecuada conservación al Museo Municipal, cuestión que no se había ejecutado. Propone “que se acuerde en firme la petición de esos trofeos, y dirigiéndose a los centros que corresponda, se nombre a una comisión de Concejales que se haga cargo de los mismos. Estima que si las gestiones que propone realizar no dieran resultado, se debe dirigir la Corporación a Madrid pidiendo se ordene la entrega, aprovechando que esas gestiones pudiera hacerlas el Sr. Alcalde que se encuentra en aquella Villa.: pues perteneciendo las banderas al pueblo, deben radicar en el Museo, máxime cuando se rumorea de que ya faltan algunos trozos a las mismas por causa que diría una que se comprobara el rumor” (35). Esta petición, aprobada en el pleno, conllevó el traslado de estas insignias, quedando un interesante testimonio gráfico del momento, con alto valor simbólico por tratarse de sacar estos emblemas del espacio religioso para llevarlos al ámbito público y laico del Ayuntamiento (36).
Por su faceta cultural es elegido como responsable municipal de Archivos, Bibliotecas y Museos apenas quince días antes del golpe franquista (37), manteniendo gran interés por documentos oficiales como el del nombramiento del político conservador Alejandro Lerroux como ciudadano de honor por el Consistorio capitalino en el anterior mandato, cuestión por la que manifiesta que “fue el Jefe del Gobierno que reprimió la revolución de octubre y que como el Frente Popular está compuesto de fuerzas que participaron en aquella, dice que se debe revocar aquel acuerdo, puesto que ello fue producto de la política menuda que realizó el anterior Ayuntamiento y que el único fundamento fue una circular del ayuntamiento de Huelva, pidiendo la adopción de ese acuerdo”, cuestión respaldada por la mayoría municipal (38).
Y llegó el tristemente famoso 18 de julio de 1936 y con él las detenciones y la persecución masiva de los representantes de las fuerzas de izquierda. Nicolás es detenido, igual que la mayoría de los componentes destacados de las candidaturas populares y de los sindicatos.
No existe mucha información de ese momento para nuestro protagonista, aunque partiendo de otros casos similares posiblemente fue trasladado pronto a los buques prisión ubicados en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. Los dirigentes del nuevo régimen optan por ordenar la deportación el 17 de agosto de 1936 a Río de Oro y la Aguera de una treintena de dirigentes destacados de la izquierda, siendo señalados “por ser peligrosos” (39). Antonio Padrón Jorge, preso en el Santa Rosa de Lima narra la marcha de los deportados “fue temprano. Estuvieron llamando, por nombres, en cada barco y luego iban subiendo...(Nicolás) Mingorance iba de los primeros de la fila...” (40).
Nuestro protagonista queda, junto a 36 hombres más, en las bodegas del vapor correo Viera y Clavijo para ser deportado a los territorios coloniales del Sáhara español. Según el imprescindible libro de José Manuel Hernández “los criterios seguidos para hacer la selección fueron el carácter de dirigentes sindicales y políticos de muchos de los deportados y su capacidad de organización e influencia entre las clases populares tinerfeñas...” (41).
En el viaje forzado le acompaña una vez más el poeta y concejal socialista Pedro García Cabrera, pero también figuras como el periodista y escritor José Rial, Lucio Illada, gestor del Cabildo, presidente de la Mancomunidad de Cabildos, Antonio Espinosa, obrero fundador de las Juventudes Libertarias de Canarias, Francisco Sosa, anarquista y presidente del Sindicato de Inquilinos o Carlos Pestana, aparejador y escritor miembro de Izquierda Republicana y concejal arafero (42).
Desde su llegada al Viera y Clavijo encuentran numerosos mensajes de apoyo de los marineros del barco, lo que les levantará el ánimo en un viaje, que tras un breve paso por los campos de concentración de Las Palmas de Gran Canaria, deja a los republicanos confinados en el fuerte de Villa Cisneros (43).
En la localidad saharaui son escoltados por tropas locales que están acompañadas por soldados procedentes de Tenerife, muchos de origen campesino y obrero, que de forma más o menos abierta han simpatizado con la república (44).
Tras varios meses de reclusión y trabajos forzados en el ardiente entorno de Villa Cisneros los contactos con los soldados y la propia auto organización de los deportados favorece la construcción de un ambicioso plan de fuga que se puso en práctica en la madrugada del 14 de marzo de 1937. Deportados, junto con parte de los soldados del destacamento toman las armas y se hacen con el control del campamento y el fuerte. Uno de sus máximos responsables, el cabo Luciano Minguillón narra el momento “unos sacaban los fusiles, otros despertaban a los soldados diciéndoles: ¡Nos hemos sublevado! ¿Con Franco o con la República?” (45).
Tras unas pocas horas los liberados, con amplio apoyo de los jóvenes soldados tinerfeños, logran tomar también el correo Viera y Clavijo, que había llegado nuevamente a la zona en su travesía por la costa Saharaui con pasajeros y mercancías.
En este barco, meses antes prisión, realizaron un arriesgado viaje, con la bandera roja y republicana como enseñas, hasta la capital del Senegal colonial, Dakar, ciudad en la que un total de 23 republicanos deportados, 93 militares, 33 tripulantes del barco y 2 pasajeros, optan por la manifestar la lealtad al gobierno democrático, regresando a las zonas controladas por la República en las siguientes semanas. Sus familias vivirán la brutal represión franquista, que procede al encarcelamiento sistemático de algunos de quienes compartían su cariño con los responsables de esta extraordinaria fuga, que logró gran fama en los primeros años de la guerra civil (46).
En junio de 1937 Nicolás se encuentra ya en Valencia, llegado tras la travesía entre Dakar y Francia junto a varios integrantes de los deportados y fugados. Forma parte junto con Manuel Prieto y Carlos Pestana de la Comisión Pro Casa de Canarias, que abrirá sus puertas en la capital catalana, y participa de la defensa del gobierno republicano y sus ideales, siendo vocal de la Agrupación Socialista de Canarias en Barcelona (47).
Es probablemente en Valencia donde recibe la devastadora noticia del fallecimiento de su esposa a finales de noviembre de 1937, dejando a sus hijos Nicolás y Carmen a cargo de familiares. La esquela publicada en la prensa isleña menciona lacónicamente que Mingorance está “ausente” (48).
La guerra desarrolla su terror y Nicolás Mingorance acaba abandonando España junto con tantos otros miles de refugiados republicanos que huyen del terror fascista. Acaba habitando uno de los campamentos que agrupaban a miles de personas en el sur de Francia hasta que el Winnipeg, conocido como el barco de la esperanza, hace su presencia en el puerto de Trompelup-Pauila.
Este buque rescató de su exilio a unos 2000 republicanos y está estrechamente ligado al poeta chileno Pablo Neruda. Entre abril y agosto de 1934 el poeta y su compatriota Delia del Carril revisaron cada expediente de persona que solicitaba ocupar una plaza en el Winnipeg, confesando Pablo que le fue “imposible rechazar solicitud alguna”. El 19 de agosto parten desde la costa francesa y en treinta días llegaron a Chile en donde recuperarían la libertad y la vida (49). Nicolás es un exiliado más en el continente americano, siendo su vida difícil de seguir desde ese momento, ojalá este artículo nos ayude a lograr un poco más de luz sobre el final de su existencia y esos duros años de distancia.
La generación que vivió en apenas unas décadas una vida entera de luchas, sueños y emociones nos dejó un legado olvidado, que siempre es bueno recuperar y recordar, atesorar para recuperar la memoria de lo que pudo ser y no fue, de quienes dieron todo por lograr un mundo mejor.


Apéndice documental y enlaces:
    1. https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2011/09/10/primera-requisitoria-contra-los-evadidos-del-sahara/
    2. González Pérez, Teresa. Alfabetismo y escolarización en Canarias. Tebeto: Anuario del Archivo Histórico Insular de Fuerteventura Nº9 p. 328
    3. https://es.wikipedia.org/wiki/Real_Uni%C3%B3n_de_Tenerife
    4. La prensa : diario republicano: Año VIII Número 2405 - 1917 Diciembre 01 p 2
    5. La Gaceta de Tenerife : diario católico de información: Año VIII Número 2422 - 1918 junio 28 p 1
    6. El Progreso : diario republicano: Año XV Número 4517 - 1920 abril 20 p 2
    7. El Progreso : diario republicano: Año XVI Número 4867 - 1921 junio 10 p2
    8. El Progreso : diario republicano: Año XVII Número 4968 - 1921 octubre 4 p1
    9. La prensa : diario republicano: Año XII Número 3743 - 1921 Noviembre 20 p2
    10. El Progreso: diario republicano: Año XVII Número 5187 1922 junio 23 p2
    11. El Progreso : diario republicano: Año XVIII Número 5308 - 1922 noviembre 4 p2
    12. El Progreso : diario republicano: Año XVIII Número 5547 - 1923 agosto 23 p2
    13. El Progreso : diario republicano: Año XVIII Número 5569 - 1923 septiembre 18 P1
    14. El Progreso : diario republicano: Año XX Número 6015 - 1925 mayo 15 P2
    15. El Progreso : diario republicano: Año XXI Número 6474 - 1926 noviembre 8 P1
    16. El Progreso : diario republicano: Año XXII Número 6527 - 1927 enero 10 P1
    17. El Progreso: diario republicano: Año XXINº6362 1926 junio 28 p1
    18. El Progreso : diario republicano: Año XXII Número 6591 - 1927 marzo 26 P1
    19. La Gaceta de Tenerife : diario católico de información: Año XV Número 4249 - 1927 mayo 14 P2
    20. El Progreso : diario republicano: Año XXIII Número 6860 - 1928 febrero 11 P4
    21. El Progreso : diario republicano: Año XXIII Número 6867 - 1928 febrero 20 P2
    22. La Gaceta de Tenerife: diario católico de información: Año XVIII Número 4485 1928 marzo 1 p2
    23. La Gaceta de Tenerife : diario católico de información: Año 7372 Número - 1933 mayo 23 P8
    24. La Prensa : diario republicano: Año XXIV Número 9001 - 1933 Julio 14 P5
    25. Cabrera Acosta, M.A. La II República en las Canarias Occidentales. La Laguna. CCPC. 1991 P 368
    26. La prensa : diario republicano: Año XXIV Número 9022 - 1933 Agosto 08 p5
    27. La prensa : diario republicano: Año XXIV Número 9083 - 1933 Octubre 18 p8
    28. La prensa : diario republicano: Año XXIV Número 9107 - 1933 Noviembre 16 p2
    29. La Gaceta de Tenerife : diario católico de información: Año 7629 Número - 1934 abril 3 p8
    30. La Prensa : diario republicano: Año XXIV Número 9228 - 1934 Abril 10 p5
    31. La Prensa : diario republicano: Año XXIV Número 9247 - 1934 Mayo 02 p3
    32. La Prensa : diario republicano: Año XXIV Número 9338 - 1934 Septiembre 20 p3
    33. La Prensa : diario republicano: Año XXVI Número 9707 - 1935 Diciembre 04 P4
    34. La Gaceta de Tenerife : diario católico de información: Año 8383 Número - 1936 febrero 29 P3
    35. https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2015/07/21/trasladar-las-banderas-de-nelson/
    36. La Prensa : diario republicano: Año XXVI Número 9855 - 1936 Mayo 31 P1
    37. La Prensa : diario republicano: Año XXVI Número 9882 - 1936 Julio 02 P2
    38. https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2013/07/04/ciudadano-de-honor-alejandro-lerroux/
    39. García Luis, Ricardo. Crónica de vencidos. Ed. La Marea. P 195
    40. Idem p 196
    41. Hernández Hernández, José Manuel. Villa Cisneros 1937. La gran evasión de los antifascistas canarios. Le Canarien. (2018) p 38
    42. Hernández Hernández, José Manuel. Villa Cisneros 1937. La gran evasión de los antifascistas canarios. Le Canarien. (2018)
    43. Pérez García, Guadalupe (2002). La colonia penitenciaria de Villa Cisneros. Deportaciones y fugas durante la Segunda República, en Historia y Comunicación social, vol.7 p183
    44. Hernández Hernández, José Manuel. Villa Cisneros 1937. La gran evasión de los antifascistas canarios. Le Canarien. (2018)
    45. García Luis, Ricardo. Crónica de vencidos. Ed. La Marea. 2003 P 203
    46. Hernández Hernández, José Manuel. Villa Cisneros 1937. La gran evasión de los antifascistas canarios. Le Canarien. (2018)
    47. Idem p 230
    48. La prensa : diario republicano: Año XXVIII Número 10306 - 1937 Noviembre 23 P2
    49. Simón, Ada y Calle, Emilio. Los barcos del exilio. ed. Oberón. 2006

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