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Sentido y significación de la lucha canaria

  • Published in Cultura

La Junta de Gobierno de la Federación de Lucha Canaria constituyó el día 16 de diciembre  en la Bodega “Cumbre de Arico”, el Tagoror-que era el nombre que daban los aborígenes guanches a un tipo de recinto donde se reunían los dirigentes de la comunidad-de la Lucha Canaria, integrado por más de 400 veteranos luchadores, “viejas glorias”, que se reencontraron emotivamente después de muchos años que no se veían.

La lucha canaria y  los juegos y deportes autóctonos tradicionales de Canarias encarnan las virtudes y los valores de nobleza e hidalguía  ancestrales del pueblo canario. La hidalguía (sinónimo de caballero noble y generoso) y la nobleza del deportista autóctono canario es mucho más profunda y de mayor grandeza  que la del caballero medieval o que la de la nobleza aristocrática. Nuestro  linaje es el del humilde campesino, que para ser un verdadero caballero, como dijo Cervantes en boca del Quijote, tiene que seguir el camino de la virtud, el de la más importante, que es la nobleza. “Haz gala Sancho de la humildad de tu linaje y no te desprecies de decir que vienes de labradores”, le dijo don Quijote a Sancho.  La hidalguía de linaje campesino es la que destaca Cervantes en el inicio de el Quijote: “En un lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, flaco rocín y galgo corredor”.

Nuestro insigne escritor y periodista Leoncio Rodriguez,  en el año 1920, definió con pasmosa exactitud la hidalguía y nobleza de la Lucha Canaria: “debe ser nuestro deporte por excelencia, por su arte, su plasticidad, y su intensa emoción”, añadiendo estas hermosas palabras: ”La lucha canaria es la fuerza al servicio del ingenio del combatiente, la hidalguía del vencedor con el vencido, la sutileza y la bravura, el combate duro sin sangre, y, tras el combate, la mano que se tiende generosa y caballerezca para levantar al caído y darle el abrazo de paz y fraternidad como remate triunfal”. Y nuestro relevante poeta Pedro Garcia Cabrera, dedica al vencido su poema  a la lucha canaria, del que destacó: “Hay derrotas, que vuelan como las aves, que en vez de caer en tierra, remontan en el aire”, y la hidalguía del linaje campesino: “campesina es mi raíz pero mi traza es de hidalgo”. No hay lucha en el mundo que glorifique al vencido, al que hay que levantar y abrazar como mandato sagrado de los guanches, ni una lucha, que siendo dura, en la que  se prohíbe cualquier constreñimiento físico y la violencia, es a la vez arte y cultura, y ciencia, me observó un famoso luchador, ya que hay que estudiar la maña que puede derribar al adversario.

He proclamado sin complejos y con orgullo, sin que nadie se escandalizara y me refutara, en foros nacionales e internacionales de pueblos amantes de sus tradiciones, como el vasco, el japonés y el coreano, y proclamo hoy una vez más ante el pueblo canario, que nuestros  milenarios y olímpicos juegos y deportes autóctonos tradicionales de Canarias constituyen uno de los  patrimonios etnográficos más importantes, si no el más importante, del mundo. Nuestro principal indigenista Betherncourt  Afonso, ha escrito en su “Historia del Pueblo Guanche”, que los guanches celebraban en diferentes épocas del año los Juegos Beñesmares, comparables a los juegos olímpicos helenísticos, en los  que se pactaba la paz,  y se exhibían la lucha canaria y los juegos y deportes autóctonos tradicionales, que no tuvieron un Homero que los cantara. La ley guanche obligaba a practicar la Gimnastica, la educación física, que llevó a Bethencourt Afonso a calificar, sin mácula alguna de racismo,  la raza guanche, como una de las más hermosas de la  Humanidad. Nadie ha podido explicar , como nos inquirió el escritor herreño José Padrón Machín, “porqué Grecia y Roma, las dos grandes culturas de la  Humanidad, cuando celebraban una lucha entre dos personas era para derramar sangre-¡cuánta sangre se vertió en el Coliseo romano! y matar al adversario , y porqué  un pueblo aborigen,  primitivo,  que no conocía la escritura, ni la navegación, ni los metales, que habitaba en siete islas situadas al lado del continente africano, cuando organizaban una lucha entre dos guanches se prohibía la violencia y, al derribar al adversario, se le levantaba y abrazaba noblemente”.

La Federación de Luchas actual ha hecho alegaciones al anteproyecto de Ley del Deporte de Canarias, pendiente del trámite parlamentario, en el sentido de que este Decreto fundacional de 1983 ya ha cumplido su misión histórica y necesita ser modificado y perfeccionado, elevando su rango normativo, para lo cual se debe contener en esta Ley una Disposición Final que establezca: “El Gobierno elaborará un reglamento específico en el que se establezca el régimen jurídico de los juegos y deportes autóctonos y tradicionales de Canarias, así como el desarrollo de los aspectos culturales, sociales, económicos,  y educativos de los mismos”. Confiamos en el Director General de Deportes y en el de Patrimonio Cultural, que dirigen con encomiable acierto los destinos de los  juegos y deportes autóctonos tradicionales de Canarias,   para que sigan colocando  a éstos a la altura que merece el pueblo canario. La lucha Canaria y los deportes autóctonos tradicionales de Canarias no morirán nunca, aunque atraviesen  épocas de declive, porque está en los veneros del pueblo, y “no cesarán sus días” mientras el Teide ondee en el atlántico, como dijo el poeta Manuel Verdugo.

Se equivocan los que crean que  sobre el legado histórico del admirable pueblo guanche prehispánico se puede edificar un nacionalismo canario cultural y menos soberanista, porque es perfectamente compatible con la incuestionable españolidad de Canarias, como compatible es la Patria Chica  con la Patria Grande. Ya nuestro prestigioso indigenista, Juan Bethencourt Afonso (1847-1913), autor de la magnifica obra “Historia del Pueblo Guanche”, nos exhortó a estudiar la historia de Canarias con imparcialidad, “elevando a la par nuestros corazones al terruño guanche y a la madre España, patrias de nuestros antepasados unidas para siempre por un solo destino común”.

Del doble patriotismo, de la Patria Grande y la Patria Chica, que impregna a todos  los Episodios Nacionales, dejó constancia Don Benito Pérez Galdós en su discurso pronunciado el día 9 de diciembre del año 1900 con ocasión del homenaje que le tributaron un nutrido grupo de Canarios en Madrid:   “Habéis visto que ha llegado la hora de avivar en nuestras almas el amor a la patria chica para encender con él, en llamarada inextinguible, el amor de la grande. Aqui en la intimidad del patriotismo regional me permito asegurar que en nosotros vive y vivirá siempre el alma española. Nosotros los más distantes seamos los más próximos en el corazón de la patria”.   En el mencionado homenaje  Don Nicolás Estévanez dejó constancia de su profunda canariedad con estas conocidas frases: "Si algún día desaparecieran las fronteras y las nacionalidades, sólo entonces dejaríamos de ser españoles, pero ni aún entonces dejaríamos de ser canarios....". Sería una falsedad histórica interpretar estas palabras como excluyentes de su españolismo. Don Nicolás Estévanez fue un singular hombre de Estado y un español cabal, cuyo amor a la patria chica, como caracterizó a todos los intelectuales y políticos republicano-federales canarios, sólo se podía equiparar al que sentía por la patria grande. Se suele olvidar cuando se invocan estas frases que fue con ellas con las terminó su discurso, que comenzó con estas otras: "No sé yo de donde han sacado algunos la peregrina idea de que el amor a la patria chica excluye el culto a la grande; son perfectamente compatibles, como el amor a la madre o el cariño a la abuela".

En sus Memorias de Otro Desmemoriado, mi maestro, el escritor herreño José Padrón Machín, expresa el mismo sentimiento legado  por Galdos: “Debo al ilustre maestro de nuestras letras el haber aprendido a amar a España y a conocer a sus hombres. Entiendo que todo hombre tiene dos patrias, la grande, España, y la chica, aquella donde se vio la luz primera. Trabajar por la patria chica es también hacerlo por la grande”.