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Crónicas de la revolución cubana: los Hermanos Ameijeiras

  • Published in Cultura

Manuel Ameijeiras Fontenla nació en el municipio de Campo Lameiro, provincia de Pontevedra, a fines del siglo XIX. Como otros jóvenes de la época emigro para la Argentina.

Luego de una temporada y ante la crisis económica que vivía este país, resolvió retornar a Galicia, para luego embarcarse para Cuba. Al poco de llegar a La Habana conoce a María de las Angustias Delgado Romo, ella procedía de Corral Falso, después municipio de “Pedro Betancourt” en Matanzas. María de las Angustias había visitado a unos familiares en La Habana, se enamoraron y decidieron unir sus vidas. El matrimonio se traslado a la Provincia de las Tunas, a la Central azucarera “Chaparra”. Esta Central fue construida el 17 de octubre de 1899 por la compañía norteamericana Cuban  American Sugar Company, realizando su primera zafra en 1902. Aquella Central azucarera limita al Norte con el Océano Atlántico, al Sur con el municipio de Majibacoa y la provincia de Holguín, al Este con el municipio de Gibara de Holguín, y al Oeste con el municipio de Puerto Padre.  La pareja se instala en el número 19 del Barrio de Pueblo Viejo. La casa había sido construida en 1907, era de paredes y piso de madera, techo de zinc, de color gris, azul y rojo, de amplio patio poblado de árboles frutales y flores de múltiples matices.  La casa mirada desde el frente se aprecia su portal corrido al que se accede a través de un escalón, después de trasponer un tortuoso pasillo de cemento. Posee dos puertas, una a la izquierda que da a la sala y de este al comedor. Los cuartos estaban situados a la derecha, el primero era del matrimonio y el siguiente de los hijos. La cocina estaba separada de la parte delantera, unida a esta por un pasillo que iba de un extremo a otro de la casa. En el patio, en su parte derecha, había una carbonera contigua al baño y a continuación se encontraba la letrina. En la parte trasera de la vivienda Manuel mandó a hacer el pozo, construido en 1921. Es de brocal alto y ancho, de concreto y empedrado hasta el fondo, su cruceta es en forma de arco, de donde pende la rondana para extraer el agua.  En esta casa nacieron María Luisa (Mara), Manuel Melquíades (Chonchón), Gustavo, Salvador (Nene), Enma, Ángel (Machaco), José (Pepincito), Evangelista, Efigenio y Juan Manuel, (Mel). Don Manuel trabajó primero como jefe de una brigada de operarios en el Departamento Comercial, para con posterioridad dedicarse al comercio, instalando un quiosco de ventas de caramelos y confituras, en el andén del poblado, donde a diario circulaban trenes de Velasco a Sabanazo. María de las Angustias se dedicó a los quehaceres de la casa y a la atención de sus hijos. Con ellos ejerció la profesión de maestra, que no pudo hacer de forma pública. A todos les enseñó las primeras letras y el sentimiento de patriotismo y lealtad. Manuel era masón y en su casa se instala por unos meses una de las logias que funcionaban en la zona.. Muchos sostienen que la misma se fundó en esa vivienda, el 10 de abril de 1918. La masonería en Cuba gozaba de mucho prestigio. El propio José Martí, había sido uno de los integrantes más destacados de la misma. En el hogar de los Ameijeiras se respiraban ideales patrióticos y progresistas. Tanto Manuel como Maria de las Angustias, criaron a sus numerosos hijos bajo los ideales del librepensamiento martiano. En 1935 Manuel Ameijeiras – según algunos testimonios- regresa a Galicia para reclamar una herencia y allí lo sorprendió la guerra civil. Algunas hipótesis señalan que murió durante la contienda militar. Lo cierto es que se perdió todo rastro de su paradero.

 María de las Angustias debió asumir las riendas del hogar y criar sola a sus hijos. “Mi padre –señala Efigemio-  partió para España, donde desapareció en la guerra civil. Por esa fecha quebró la bodega, se hipoteco el inmueble y comenzó un largo peregrinar de vicisitudes económicas, una verdadera ordalías que hasta hoy lacera el espíritu”. Se inicia un largo peregrinar en busca de mejores condiciones económicas y se establecen en Puerto Padre hasta 1943, donde instalan en la misma vivienda una bodega, después marchan a Santa Clara hasta 1945, para establecerse finalmente en La Habana, en la Calle Virtudes 510, entre Esperanza y Lealtad. Han traído consigo carencias y necesidades, arrastrando con estoicismo las innumerables limitaciones de una familia común. Aquí todos los hermanos se desempeñan como chóferes de alquiler.

Gustavo transportaba pasajeros desde la Terminal de ferrocarril de Puerto Padre y sus hermanos cargaban las maletas de los pasajeros. Tiempo después, una de las hermanas mayores se casó y todos se fueron para La Habana. Eran tiempos difíciles y Gustavo se convirtió en el guía de la familia; comenzó a trabajar en un garaje y enseñó a sus hermanos los rudimentos de la mecánica. Uno de ellos, Juan Manuel, se unió a los jóvenes que se luchaban contra la tiranía de Fulgencio Batista y participó junto al joven abogado Fidel Castro, en el asalto al Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba. Muchos de aquellos jóvenes patriotas cayeron en combate otros fueron asesinados cobardemente. Juan Manuel a pesar de resistir heroicamente fue detenido junto Abel Santamaría Cuadrado, Boris Luis Santacoloma entre otros. Alrededor de las ocho y media de la mañana los jóvenes detenidos en el hospital fueron llevados al cuartel Moncada y entregados a un teniente y varios soldados, quienes los sacaron de cinco en cinco. Los conducen hacia la caballeriza del cuartel en Martí y Carretera Central, donde son asesinados. María de las Angustias parte hacia Oriente acompañada de Enma y Marta Teresa, llega hasta el cuartel Moncada, al hospital; nadie pudo darle información alguna. Fue al cementerio de Santa Ifigenia y estuvo cerca de las tumbas de los combatientes, habló incluso con un sepulturero y le dio las características de Mel, tampoco llegó a conocer nada. Mantuvo la serenidad mientras no tuvo la certidumbre de la muerte del menor de sus hijos, hasta que un día los periódicos dieron a conocer algunos datos descriptivos de los muertos no identificados, uno de ellos llevaba puesto un calzoncillo con el nombre de Pedro. Ella entonces, solamente dijo: “ese calzoncillo lo he lavado yo”. Con este vil asesinato comienza la escribirse una de las paginas más heroicas de esta “familia mártir” de la revolución cubana.

EFIGENIO AMEIJEIRAS DELGADO. Alias “Ulises”. Nació en Puerto Padre, Las Tunas en 1931. Fue fundador de la primera célula clandestina del Movimiento 26 de Julio. Expedicionario del Granma, segundo jefe del Frente Frank Pais y participante de las acciones en Bahía de Cochinos. Autor de la trilogía Más allá de nosotros (junto a los volúmenes La clandestinidad y La Sierra Maestra). Actualmente es General Retirado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Héroe de la República de Cuba. Efigemio a parte de su participación heroica desde el inicio de la revolución, jugó un papel muy destacado en la Batalla de “Playa Girón”, durante la invasión  Bahía de Cochinos, al centro sur de Cuba, situada en uno de los mayores humedales del mundo, la Ciénaga de Zapata,  La invasión comienza el 15 de abril de 1961 con la participación de 1.500 exilados cubanos, entrenados y dirigidos por el gobierno de los Estados Unidos. A lo largo de 72 horas, distintos combates tuvieron lugar en numerosos lugares de la Ciénaga de Zapata, siendo Playa Girón el último punto ocupado por los invasores. El miliciano Antonio Gata Quiala nos cuenta: “Vi llegar a Fidel en el tanque que conducía el sargento Néstor López Cuba y le disparó al “Houston” que  estaba lleno de provisiones y armamentos y no llegó a desembarcar. El disparo de Fidel lo incendió… Otras vivencias que no olvido fueron los continuos contactos de Fidel con el “Gallego” Fernández que era el Jefe de Operaciones y ver a Efigenio Ameijeiras entrarle prácticamente cuerpo a cuerpo a los mercenarios; también cuando pude poner con mi bazuca fuera de combate a uno de los tanques enemigos…”

Efigemio dirigía el Batallón de la Policía Nacional Revolucionaria que entra en combate para repeler la invasión de Bahía de Cochinos. Luego de 10 horas de intenso y cruento combate, contra el disputado reducto que ocupaban los mercenarios y, al elevado costo de 50 muertos y más de un centenar de heridos, el Batallón de la Policía Nacional Revolucionaria lograba penetrar –el primero– en Playa Girón, exactamente a las 5 y media de la tarde del 19 de abril de 1961. Nos cuenta el propio Efigemio: “Inicialmente, el Batallón de la PNR estaba preparado para defender a La Habana, constituido por los mejores oficiales y sargentos de la Policía. Al segundo día de la invasión se piensa que la fuerza principal del enemigo está ahí, en Playa Girón, y que es una fuerza considerable, por lo cual Fidel me da la orden de que con ese Batallón, reforzado con una compañía de milicianos y otra de bazucas, venga a la zona de operaciones a realizar la siguiente operación militar: Esta consistía en llevar el Batallón de La Habana al Central Australia.

Allí buscar prácticos para introducirnos por un camino cerca de Soplillar, adonde había habido desembarcos aéreos del enemigo. Nosotros teníamos la misión de limpiar esa zona y continuar el avance hasta la costa., buscando la manera de salir entre Playa Larga y Playa Girón, donde debíamos situarnos a ambos lados de la carretera y dividirla en dos partes, con sendas emboscadas. Tuve que perder algún tiempo en localizar a los integrantes del Batallón en La Habana e impartirles la orden de partida. En aquella época toda esa operación demoraba mucho. No disponíamos transporte suficiente. Había que abordar lo mismo una rastra que lo primero que apareciera. Cuando llego a Playa Girón me entero de que los mercenarios estaban abandonando Playa Larga y que en esa dirección avanzaban diversos batallones nuestros, las mismas fuerzas que habían estado combatiendo por la carretera de Australia a Playa Larga. Como es lógico, la orden dada por Fidel era imposible de cumplir. ¿Qué tengo que hacer? Pues hacer contacto con el enemigo...y esperar nuevas órdenes... Cuando llegamos a Playa Larga supimos que una columna había salido en dirección a Playa Girón; por el camino había sido víctima de un fuerte bombardeo. Como nuestro Batallón no llegaba, decidí ir en su búsqueda. Había sido sorprendido en plena marcha en columna. La bombardearon seis aviones enemigos. Fue un golpe terrible sobre aquella concentración de camiones y tanques. Ex profeso utilizaron bombas de Napalm para causar mayor dolor y terror. Cuando regreso a Playa Larga cruza un avión enemigo, rasante al mar, que no se divisaba por la uva caleta. Cuando las cuatro bocas le vienen a tirar, cruza por encima de ellos y con las ametralladoras dúplex de la cola hieren a uno de nuestros artilleros. Es entonces que decido ir al Punto Uno, en el central Australia, y comunicárselo a Fidel. Luego de informarle al Comandante en Jefe de la situación en general, él me pregunta: – ¿Qué más está pasando por ahí? ¿Dónde está el enemigo ahora? Le respondo: “Creo que ellos están bien posesionados, Fidel, porque yo ví salir a un aeroplano.” Él exclama: – ¡Cómo! Le respondo afirmativamente, que yo había visto salir un avión y que todo el mundo lo presenció.

Lo ví despegar por la mañana del aeropuerto de Playa Girón. Es decir, que ellos se estaban moviendo todavía. En ese momento no se sabía si ellos estaban allí metiendo o sacando gente... Fidel me pregunta, contrariado: – ¿Ustedes van a permitir que sigan entrando y saliendo aviones allí? ¡Métanle mano a esa gente...! “Es entonces que decidimos meterle a los mercenarios con todos los hierros...” Después de mandar el refuerzo, empiezo a arengar a la tropa, para levantar el ánimo. Estamos en medio de una gran balacera. Al llegar a nuestros tanques el enemigo nos ataca de flanco. Al fin logramos que un tanquista nos oiga en medio del fragor del combate y comience a disparar hacia las posiciones enemigas que nos hostigaban. El combate es cada vez más violento... Me entrevisto con Samuel y le digo: –Vamos a aguantar el fuego; si ellos no se aflojan y la cosa no se acaba hoy, vamos a ir esta noche a meternos en Playa Girón, todo el mundo de noche para adentro y vamos a ver qué pasa... Vamos a evitar que nos hagan más bajas en este dichoso camino –le digo al Comandante Rodiles–, que estamos chocando frontalmente con ellos, y aunque logremos tomar la posición nos pueden matar a 30 o 40 compañeros más. En otro ataque frontal les vamos a ocupar la posición. La posición es altamente favorable para el enemigo. Ellos están bien atrincherados, con sus ametralladoras, cañones, carros artillados y morteros.

O sea, iba a ser difícil sacarlos de sus posiciones, razono, “Cuando llega nuestra aviación, con tan buena suerte que el enemigo salía a la desbandada, sin saberlo nosotros en ese momento. Los mercenarios trataban de reembarcarse en lo que podían. Es entonces que nuestra aviación los ametralla duramente., pensando que se trata de otro desembarco enemigo. Algunos mercenarios se nos entregan prisioneros, mientras la mayoría se interna en la ciénaga. A las 3 y media de la tarde del día 19 parte Fidel del Punto Uno para la zona de operaciones, a fin de organizar el asalto final a Playa Girón. En la segunda curva, en la cuneta, detrás de un montículo de arena se divisa a un tanque destruido y un mercenario muerto sobre el mismo. Más a continuación, un camión comando con la plataforma donde tenía una calibre 50, destrozada. No alcanzan los ojos para ver tanto armamento abandonado por distintos lugares de la orilla y el pueblecito de Playa Girón, al entrar nuestro Batallón, exactamente a las 5 y media de la tarde del día 19. Por todas partes cañones, morteros, bazucas y ametralladoras pesadas, regados. Al no disponer de comunicación, voy personalmente hasta el central Australia, a llamar al Punto Uno. Prácticamente el único que quedaba allí era el comandante Sergio del Valle.

Le informo que había caído Girón. Al preguntarme si podía confirmar la noticia, no puedo aguantar una carcajada y le contesto: –El que te habla acaba de salir de Playa Girón... Sergio me dice: “¡No puede ser! ¡Pero, cómo! ¿En qué lugar estás tú¿” Le respondo: –Mira, Sergio, ahora te estoy hablando de Australia, pero te repito que acabo de salir de Girón. Él me dice, emocionado, que llamaría enseguida por radio a Fidel.” Así se escribió una de las páginas más heroicas de la revolución cubana. Tiempo después, Ameijeiras valoraría la significación de la gesta de Playa Girón: “Fue un sacrificio tenaz de nuestra juventud, la que derrotó en tierra a una brigada con un batallón de tanques y varios grupos de artillería; les hundió sus principales barcos y les hizo pedazos a más de una decena de aviones en menos de 72 horas. Fue determinante la dirección de Fidel y el valor de los hombres. Esta conjunción de patriotismo e inteligencia responden a una ética nueva, basada en la moral de la Revolución...”

JUAN MANUEL AMEIJEIRAS DELGADO (MEL), nació el 23 de octubre de 1932. Se convenció desde los primeros momentos de que el único camino para Cuba era el de la lucha armada y se unió a ese pensamiento de Fidel Castro. Inició sus entrenamientos en el Salón de los Mártires de la Universidad de La Habana, que continuó en fincas aledañas a la capital. En su auto condujo a los integrantes de la célula de que era miembro hasta la Granjita Siboney. Con sólo 20 años de edad inició el martirologio familiar en la primera acción de la nueva gesta, al perder la vida en el intento por ocupar la segunda fortaleza militar más importante del país. Uno de los jóvenes de la Generación del Centenario y el único tunero caído en el ataque al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953.

GUSTAVO AMEIJEIRAS DELGADO, nació el 8 de octubre de 1920. Combatiente de la lucha clandestina. Tomo parte activa en la edición y distribución por todo el país de “La historia me absolverá”. Guardó prisión en el Castillo del Príncipe donde mantuvo una huelga de hambre en solidaridad con sus compañeros de Isla de Pinos, también encabezó un amotinamiento. Después de la Huelga del 9 de Abril decide alzarse en las montañas orientales y es apresado. Sufrió salvajes torturas sin que lograran arrancar de sus labios una sola delación. Presumiblemente fue asesinado y lanzado al mar en la noche del 22 de mayo o primeras horas del 23. Era el año 1958.

ANGEL AMEIJEIRAS DELGADO (MACHACO), nació el 2 de agosto de 1925. Combatiente de la lucha clandestina. Jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio en La Habana. Un hombre todo coraje. Cayó en desigual combate contra fuerzas de la policía batistiana que lo acorralaron en Goicuría y O’Farril , Santos Suárez el 8 de noviembre de 1958. Por sus méritos y valor a toda prueba fue ascendido póstumamente a Comandante del Ejército Rebelde. Con meridiana justeza y a pesar de las múltiples tareas que la conducción de la guerra le imponía en su etapa final, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, a través de Radio Rebelde y en su propia voz emitió un Comunicado en que otorgó a Machaco Ameijeiras el grado de comandante, al conocer de su caída tras heroica resistencia.

Los Hermanos Ameijeiras fueron y son un símbolo de la lucha heroica del pueblo cubano. Uno de los mejores hospitales de Cuba situado en La Habana los recuerda con su nombre. También en su villa natal Las Tunas existe un Museo – Memorial, que recuerda a esta familia mártir.